El Blog de Pentación
Facebook Twitter YouTube Instagram

Viernes
06
Mar 2015

La mujer en el teatro (y viceversa)

El Día Internacional de la Mujer (8 de marzo), nacido a principios del siglo XX y celebrado en muchos países, es una fecha señalada en la que no sólo se lucha por la igualdad, la justicia, la paz y el desarrollo. Es una celebración internacional de los avances que sitúan a la mujer, década tras década, en una posición más equitativa con respecto al hombre, creando así una sociedad justa, sana y más inclinada al progreso.

Y, sobre todo, es una jornada reivindicativa que nos recuerda año tras año el trabajo pendiente que queda por delante en igualdad de género, dentro y fuera de nuestras fronteras. Vivimos en una comunidad global y no debemos olvidar las injusticias diarias que se practican en cuestiones laborales, sociales y humanas hacia las mujeres, ya sea en los países menos desarrollados, ya sea en una gala de los Oscar en la que se pide la igualdad salarial entre actores y actrices.

Lo que se sigue ejerciendo este día es la lucha por una mujer que sea individuo completo, libre e independiente. Y sobre esta condición (o la falta histórica de ella en nuestra sociedad) ha reflexionado largo y tendido el teatro universal.

En la trayectoria de Pentación forman parte muy importante las mujeres, en todos sus ámbitos de actividad: autoras, escenógrafas, actrices, diseñadoras artísticas, técnicas, administrativas, secretarias, ayudantes de producción, personal de sala... Y nos enorgullecemos de haber puesto en escena algunos personajes femeninos inolvidables. Recordar la parte femenina de Pentación es para nosotros la mejor forma de celebrar este día.

 

La mujer desde la comedia


Ya en 1989 Natalia Dicenta interpretaba a una joven de clase baja que buscaba la forma de salir adelante por su cuenta, en el texto de Paloma Pedrero Invierno de luna alegre, estrenado en el Teatro Maravillas. Autora, Pedrero, conocida por su visión inconformista en cuanto a la posición social de la mujer y a su identidad como individuo. Reyes, el personaje de Dicenta, combinaba la necesidad de su supervivencia con el deseo de libertad y de experimentar nuevos caminos en su vida.

Otra comedia escrita por una mujer, esta vez la guionista de televisión Yolanda García Serrano, ponía 9 años después en escena a tres novias a pensar sobre sus inminentes enlaces matrimoniales. Qué asco de amor, interpretada por Carmen Balagué, Elisa Matilla y Rosario Santesmases que obtuvo el Premio Hogar Sur de Teatro de Comedias de la Fundación Pedro Muñoz Seca, y que tenía pocas pretensiones más que acercarse a la cuestión romántica, pero desde una perspectiva integralmente femenina.

Parecidas intenciones tiene la exitosa serie teatral Sofocos, que estrenó hace unos meses su cuarta entrega protagonizada por cuatro mujeres: Ana Obregón, Fabiola Toledo, Teté Delgado y Elisa Matilla. Con una estructura de sketches cómicos y musicales, centra su tema alrededor de la menopausia, cuestión que tanto las actrices como el público femenino afrontan con humor, autoconsciencia y la búsqueda de parodiarse a sí mismas. Probablemente no haya nada más libre que reírse de una misma.

María Galiana Fugadas

 

Otros personajes femeninos que rompían, cada uno a su manera, con las convenciones que se esperaba de la mujer en otros tiempos, fueron la Matilde de Lola Herrera en Querida Matilde (2011) de Israel Horovitz, mujer llena de aristas y secretos, y las protagonistas de Fugadas (2009), encarnadas por María Galiana y Rosario Pardo, dos amas de casa que huyen de sus ataduras sociales y se encuentran en el arcén de la carretera haciendo auto-stop.

Aún más libres y reivindicativas están en Pluto Marisol Ayuso y Ana Labordeta, una Praxágora que Emilio Hernández tomó prestada de La asamblea de las mujeres para su versión rockera del clásico de Aristófanes protagonizada por Javier Gurruchaga, en unas semanas en el Teatro La Latina. Por su parte, Toni Acosta lleva a escena el conflicto de una madre que elige desarrollar su faceta profesional conjugándola con una custodia compartida que no está yendo a la perfección; todo esto De mutuo desacuerdo con Iñaki Miramón, a partir del 1 de abril en el Teatro Bellas Artes.

 

La mujer desde la tragedia


Pero la liberación de la mujer es un problema muy complejo que viene de muy largo (tanto como alcance nuestra vista histórica) y que aún no ha tenido fin. 70 mujeres murieron en 2014 por causa de la violencia de género, y de ello hablaba ya Benito Zambrano en 2005 con Solas, libreto inspirado en su película, y protagonizado por Lola Herrera y Natalia Dicenta. Le valió al director, José Carlos Plaza, el premio Chivas de Teatro, y a Herrera el Fotogramas de Plata a Mejor Actriz de Teatro.

Ana Belén Fedra

De Plaza es la dirección de otras 4 obras clave protagonizadas por un personaje femenino complejo y potente que ha reflejado la problemática de la mujer universal. Por un lado, Fedra (2007) y Electra (2012), ambas estrenadas en el Festival de Teatro Clásico de Mérida y encarnadas por Ana Belén. Juan Mayorga alejaba a la primera de la marioneta zarandeada por los dioses y el destino de la tragedia clásica para convertirla en una mujer atormentada y responsable de sus actos. Por su parte, la Electra de Vicente Molina Foix era un personaje fuerte y decidido a hacer justicia y obtener su venganza.

Las otras dos obras, ambas protagonizadas por una Concha Velasco arrebatadora, son Hécuba (2013) y Olivia y Eugenio (de gira actualmente). La primera, también estrenada en el Festival de Mérida, mostraba la desesperación y la rabia de una madre tras la muerte de sus hijos, y la segunda, otra madre que arrastra toda una vida de lucha a sus espaldas, esta vez con un hijo con síndrome de Down y un marido de todo menos santo.

Concha Velasco Hécuba

Ya sea desde la comedia, la tragedia o la tragicomedia, el teatro se ha comprometido a mostrar, no a una mujer, sino a una infinitud de mujeres posibles con todo lo que ellas, como seres humanos libres y llenos de recovecos, pueden llegar a ser y a hacer. Y también se ha dedicado a denunciar esas ataduras e imposiciones que arrastra su género desde el principio de los tiempos.

Ahí están, por poner otros dos ejemplos, la imprescindible Madame Bovary de Flaubert, que en 2011 encarnó Ana Torrent con un mensaje claro: hay muchas “Emmas Bovary” ahí fuera viviendo una vida que nunca han querido; y La marquesa de O, con una Amaia Salamanca víctima por partida doble de una sociedad que la viola y la juzga, abandonándola a su suerte.

Ambas obras, por cierto, dirigidas por Magüi Mira que, con un Premio Ceres a la Mejor Dirección en 2014, ha demostrado de nuevo que la puesta escénica tampoco es cosa de hombres exclusivamente.

El teatro, y la cultura en general, tienen el deber de liderar esta lucha sin fin por la igualdad, por la libertad, por la justicia. Si no, ¿quién lo hará?

Diseño gráfico: David Sueiro  |  Desarrollo: Axel Kacelnik