Anfitrión, de Molière

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Un robo, señoras y señores. Eso fue lo que cometió Molière con Anfitrión, el divertido texto original del autor latino Plauto. Y dueño ya de ese suculento botín lo transformó a su antojo gracias al enorme talento que poseía.
Ahora mi querido Pepón Nieto me ha ofrecido ser cómplice en un nuevo hurto y darle forma a la dramaturgia y dirección de este renovado Anfitrión, tomando como base el texto del dramaturgo francés. Y, amparándome en la célebre frase de “quien roba a un ladrón tiene cien años de perdón”, no me han dolido prendas en hacer lo que intuyo que Molière hubiera hecho de haber vivido en nuestros días. Por un lado, adaptarse a la realidad y reescribir el papel de las mujeres, convirtiéndolas no en simples peones en el varonil tablero de juego sino en verdaderos motores codo con codo con los personajes masculinos. Por otro, profundizar en el juego de la duplicidad y la imagen.
¿Qué son las redes sociales, tan en boga, más que un desesperado intento por observarnos desde fuera, darle forma a nuestro propio ser y mostrarnos (con filtros) al mundo y, por extensión, a nosotros mismos? ¿Necesitamos vernos para creernos? ¿Somos víctimas de nuestra propia imagen y semejanza? Anfitrión es una historia de seres clonados que viven la asombrosa paradoja de verse de piel hacia fuera, una mezcla de lo divino y lo humano, las pasiones y los odios, las infidelidades y los deseos, las risas y algún que otro sentimiento con el sano propósito de entretener. Para poder construir el universo que permite a un texto pasar del papel a las tablas, hemos contado con un equipo de lujo que ha ido aportando, paso a paso, idea a idea, incluso pelea a pelea, todo lo necesario para poder levantar el telón esta noche. Y ahora, pasen y vean, el mayor espectáculo del mundo está a punto de comenzar. Claro que, quizá, en la pista, se encuentren a sí mismos, ¿están preparados? Y, por cierto, si ven a Molière sentado por ahí, díganle que no se olvide de apagar el teléfono móvil.             




Juan Carlos Rubio
Director

Imágenes

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Vídeo

Prensa

'Anfitrión': dos horas felices en el Festival de Mérida

David Vigario, El Mundo, 30/07/2020

-"La obra consigue arrancar sonrisas con grandes dosis de eficacia en el debut en Mérida del director Juan Carlos Rubio, autor de una versión que triunfa, sobre todo, por la soberbia actuación de los seis espléndidos actores, a cada cual mejor".

-"El sano y nada fácil propósito de entretener, sin caer en el chascarrillo fácil que permite el consumo ligero, es una de las grandes virtudes de esta versión, que mezcla la diversión, el humor y la ironía con grandes dosis de profundidad, como la relación hombre-mujer, los problemas y virtudes del matrimonio, la fidelidad y hasta las servidumbres en las relaciones entre el señor y su sirviente".

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'Anfitrión' o una comedia que, efectivamente, hace reír

Celestino J.Vinagre, Hoy, 30/07/2020

"Merece la pena pagarse una entrada, estar noventa y tantos minutos con una mascarilla y, si es posible, guardando distancia de seguridad para ver un montaje elaborado que hace reír con naturalidad, que tiene un grupo de actores que saben lo que hacen (para bien) y cuya dramaturgia está perfectamente estructurada".

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Festival de Mérida: Había una vez un circo... romano

Julio Bravo, ABC, 31/07/2020

“Juan Carlos Rubio, un director con tanta habilidad como buen gusto, ha situado la trama en torno a un desvencijado carromato en el que se lee «Circo Olimpo», y a los personajes en los artistas de esta ajada carpa. Pero es solo un envoltorio, una opción estética que resulta enormemente atractiva. La escenografía de Curt Allen Wilmer, Leticia Gañán y Emilio Valenzuela –apoyada por un magnífico y colorista vestuario de Paola Torres y una acertada iluminación de José Manuel Guerra– es un sugerente marco para la puesta en escena”.

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“Anfitrión”, de dioses, reyes y hombres

Juan Ignacio García Garzón, Fronterad, 31/07/2020

"Como adaptador, Juan Carlos Rubio poda respetuosamente el frondoso texto de Molière y afila un texto francamente divertido en diversos momentos. Y como director logra una singular atmósfera en la que, con la complicidad de la iluminación de José Manuel Guerra, trenza los efluvios fellinianos de la preciosa escenografía circense".

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